sábado, 21 de agosto de 2010

"Al maestro, con cariño"


Desde que tengo uso de razón conozco a Armando Robles Godoy. Sin embargo, nunca lo vi, ni lo saludé, ni logré hablar con él.
En el 2003, cuando cursaba el primer año de secundaria, recuerdo que una profesora nos informó sobre unas charlas vocacionales sobre la carrera de cine y al revisar el folleto que nos entregó, su nombre estaba ahí: Armando Robles Godoy.

Para esa época no había visto ninguna película suya pero había algo en su imagen, en su rostro, en su nombre, en el hecho de que fuera un hombre mayor de blancos cabellos lo que creo, me hizo asumir que era alguien importante.
Ese mismo año, 2003, realizó su última película: “Imposible Amor”, pero yo era ¡rayos!, muy joven para prestarle atención a una película peruana.

Ni siquiera sabía qué películas había dirigido y estaba lejos de poder ver alguno de sus films, pues como sucede con gran parte de nuestra historia cinematográfica, es casi imposible encontrar una copia al alcance, de un título filmado 4, 5 o más décadas atrás.
Años después, hacia setiembre del 2009, para ser más exactos, un gran maestro: mi profe Ichi Terukina (teórico del lenguaje cinematográfico), mencionó que había estudiado cine en los 70 en el taller de otro gran maestro: Armando Robles Godoy. Para ese entonces (exagerando) ya conocía un poco más el cine peruano y saber que lo que Robles Godoy le enseñó a Ichi me sería transmitido algunas décadas después me motivó a buscar algunas de sus películas.

Empecé por investigar sobre él en internet y encontré varios videos de los talleres que hacía en los 70 y 80 en youtube, verdaderas joyas de la enseñanza cinematográfica peruana. También encontré un video grabado el 2007 del reestreno o mejor dicho, del redescubrimiento de “En la selva no hay estrellas”, pues tras 35 años de haber permanecido extraviada, Robles Godoy consiguió una copia gracias a un productor extranjero, la presentó en un conocido cineclub limeño y posteriormente dio una charla y respondió las preguntas del público. ¡Rayos otra vez! ¿Por qué no conocí antes a éste director? Eso pensaba mientras veía el video y me daba cuenta de la relevancia de su cine.

“En la selva no hay estrellas” figura en varios blogs y listados como una de las mejores películas peruanas, y eso aumento aun más mi curiosidad y ganas de verla.
Finalmente la compré. La conseguí donde se consiguen los títulos más rebuscados del cine mundial, en el legendario pasaje 18 de Polvos Azules.
La vi. Me metí a mi cama el 26 de diciembre pasado y puse play. La calidad de la imagen no era óptima pues se trataba de un transfer de vhs a dvd, pero qué iba a hacer. Lo importante era descubrir la película, conocer al menos la punta del iceberg del cine de Robles Godoy.

“Ganarás el pan” (1964), “La muralla verde” (1970), “Espejismo” (1972) y “Sonata Soledad” (1987) son las demás películas que completan su obra. Aun no las veo. Tal vez porque en el fondo deseo verlas como un director como él merecería que el público viera sus películas, proyectadas en la amplitud de una pantalla grande dentro de la sala de un cine.

Ricardo Bedoya le preguntó una vez si le interesaba que su cine fuera trascendente y él respondió que por naturaleza se consideraba alguien trascendente. Creo que esa frase dice mucho de él. Y no cabe duda. Trascendió. Hizo el cine que quiso hacer, que supo hacer, y que quiso ver. Y lo hizo a su manera.

Hoy ya no está más entre nosotros. Tal vez esté en un lugar donde hacer cine sea más fácil y ver películas, el pan de cada día. No lo sé. Pero si se que uno está siempre tarde. Tarde para asistir a esa charla vocacional sobre cine, a esa proyección en el cine club, tarde para tomar el teléfono y hacer lo que se te cruzó por la mente: pedirle una entrevista a alguien trascendente. En otra vida será.





Una clase de cine con Armando Robles Godoy

1 comentario:

Kanon6996 dijo...

Lamentable la perdida de alguien tan importante en el desarrollo del cine peruano. R.I.P. A.R.G.